jueves, 5 de mayo de 2011

La niña que no sonreía


Una vez conocí una niña que no se llamaba Camila ni Javiera. Su nombre difícilmente empezaba con A o con F. Esta chica que vivía en una casa estaba frecuentemente triste y uno de los pocos momentos en que la vi sonreír fue en una falsa foto. En contadas ocasiones levantaba sus labios o sus pómulos se arredondaban denotando alegría. Tuve la gracia de estar presente en alguno de esos momentos. Nunca averigüé el origen de su tristeza, ella nunca quiso contarlo, pero yo tampoco nunca le pregunté. Costaba que nos viéramos, aún viviendo cerca, pero por Internet halábamos y hablabamos de muchas cosas. Más de 3 veces la acompañé a su casa, que quedaba camino al hermoso Valparaiso.

No es patente ya, pero creo que no puedo olvidar la fiesta, el escenario de esa sonrisa falsa de aquella foto. Estaba despreocupada por todo, inmerso en etéreas cosas porpias de los humanos contemplando los distintos enfoques de el evento cuando ella arremete contra toda normalidad y rutinariedad. Suave, aunque escurridiza ( tal como siempre lo fue conmigo), toca mi hombro por atrás llamando mi atención

-¿Que haces?- Me pregunta hablando fuerte para no opacarse por la música. - ¿Cómo lo has pasado?
Y como una gran tormenta no avisada que obliga a los marineros a arriar Giannova contra todos sus pronósticos iniciales de un predispuesto, amable y complaciente mar, mi mente cambia totalmente de sentido en sus pensamientos.
Con gran sorpresa, de hecho anonadado, impresionado observo en slow motion como de apoco va cayendo. Mi sorpresa es aún mayor cuando se precipita a mis brazos acompañada de lágrimas arrastradas. Como si hubiese estado esperando el momento, como si hubiese estado predispuesto que encajaría tan bien en mis brazos.

La situación no se extiende mucho a pesar de la intensa catársis. La obligo a salir del recinto para que esté más tranquila, aunque lo único que logro es que se escabulla entre la gente en busca de sus amigas.
Nuevamente anonadado me quedo sentado en la solera, un gran masetero de un árbol preparado a una simple pelea que está por acontecer.


2 comentarios:

  1. A mí la tristeza y el misterio me atraen pero no me llenan... prefiero la risa y la transparencia, la luz y la espontaneidad... creo que la vida es demasiado corta y prefiero un buen abrazo que una duda eternamente alimentada...me produce un efecto raro leer sobre estos sentimintos contenidos, reprimidos...debe ser parte de lo básica que soy , probablemente...

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  2. tienes demasiada vida ya que nunca actualizas el blog... fooooome... ADIOS!

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