viernes, 17 de agosto de 2012


Hace muchos años atrás, en la época de los años cuarenta, terminando la segunda guerra de los países, se acercaban torranteando calle arriba, cabizbajos y esquivos, una numerosa para estas épocas familia de extranjeros. Su país estaba al borde de la segunda gran derrota que se concretaría tan solo en unos meses, firmada ya no por su monarca arriba de un vagón de tren, sino firmada por la destrucción total de sus ciudades terminadas en ...burgo por los aviones del otro bloque contrincante que se necesitó para que no dominaran el mundo. Venían de un vagón de ganado que hacía parada en la ciudad. El hambre, al igual que otras familias, los había obligado a bajar para buscar guijarros que poner en alguna olla y poder alimentar a lo que ya quedaba de familia. El tren venía desde la capital, pero no la del país, sino que de la capital de aquél enorme océano (que hasta el día de ahora existe rencilla entre las ciudades) y puerta al mundo de de esa parte del continente, cuando aún tenía ferrocarriles que lo unían con el resto del país, por lo que el andar no había sido mucho comparado al viaje en buque que los cruzó desde su país durante semanas.

“Pruebe esto para calentar, her, déjelo su merced en las brazas ya encendidas y mira usted como rinde más que la leña”. Así hablaba con un acento alemán, confundido con español centro-americano (que con el pasar de los días se supo la razón del crisol), haciendo de interlocutor de toda la familia, un fornido y bigotudo hombre ofreciendo gravilla, que her Cerda (pariente del presidente de ese mismo nombre) identificó como el relleno de los baches de las calles que colocaba una compañía americana que explotaba mineral en los cerros de esa ciudad. La compañía desechaba la escoria de los hornos de fundición y como servicio social o sólo como método de desprenderse de ella, o quizás ambas, ordenaba que cuadrillas de trabajadores rellenaran las malogradas y escuálidas calles pavimentadas de la ciudad. Los alemanes al deambular luego de bajarse del tren reconocieron el material que en su tierra era usado hasta no encontrar rastros más que humo para calentar todo aquello que lo requiriera: Era carbón mineral o carbón coke, extraído por subyugados trabajadores de una ciudad pobre-rica costera del sur, cuya vida ya fue inmortalizada por un señor de nombre entretenido al escucharlo por primera vez. Ese carbón tiene un índice calórico mejor que la leña o el carbón vegetal, pero más barato que el petróleo u otros combustibles más refinados, por lo que fue el favorito por muchos años en distintas partes del mundo, incluso hasta ahora.

El señor Cerda se dio cuenta que el relleno de las calles funcionaba, por lo que compró bastante para calentarse y cocinar, entablando alguna cercanía con los extranjeros. El que hablaba español, el bigotudo, reveló que era marino y que conocía varios lugares del mundo. Una vez en el caribe su barco fue torpedeado y los sobrevivientes escaparon de los británicos que querían cogerlos. Aferrados a tablas y cuento pudieron se refugiaron en una isla de Santo Domingo. Cuando los Ingleses trataron de darle caza en tierra no les quedó más remedio que internarse en la selva y sobrevivir ahí. Conocieron poblados donde se ocuparon en lo que pudieron hasta poder conseguir volver a su país natal. Entre los quehaceres de los esporádicos y variados trabajos aprendió el suficiente español con tintes caribeños para sobrevivir.

De alguna forma el señor Cerda permitió que los pobres inmigrantes se quedaran en la propiedad. Antiguamente las casas de familia eran grandes, sobretodo aquellas con dinero. El dueño de casa tenía varias cuadras de terreno, una calle con su nombre, una casa para sus siete hijos y esposa, un satírico sentido del humor y un galpón cerca de su morada donde finalmente se asentaron por algún tiempo los allegados. La esposa del Señor Cerda era tan buena cocinera como anfitriona, por lo que cocinó para mucho más que toda su familia, usando sendos fondos a manera de ollas. Abrió sacos de porotos que con la ayuda de los foráneos fueron limpiados y echados a la marmita junto con variados vegetales y con pastas (que en ese tiempo venían enroscados tal como conocemos hoy en día a los “nidos” de fetuccini) aplastadas y machacadas luego de estar cocidas.

Mientras se preparaba el apoteósico almuerzo, tal como hace algunos años se venía haciendo, las compañías de bomberos anunciaban la llegada de la mitad del día con sirenas traídas de otros continentes. Antes se hacía con campanas, en la capital (y la ciudad rival que fue capital del océano también) se usan cañones de mansalva, en esta ciudad aún suenan esas sirenas. Dos de las mujeres y todos los niños extranjeros, ante la perpleja y asombrada familia del señor Cerda, se comienzan a agachar en un rincón y murmurar, tapándose los oídos acongojados como si la muerte rondara cerca. Su piel se ponía más blanca de lo que ya era y las lágrimas rodaban recordando quizás que desgracias. Esta escena se repetía todos los días a la misma hora, de forma constante. El hombre del bigote explicó de allá de donde ellos venían eran las mismas sirenas que sonaban, con el mismo timbre e intensidad, cuando algún ataque enemigo era detectado, instruyendo a la población a correr a socorrerse donde pudiesen esconderse. El gobierno había instalado refugios anti-aéreos, que se llenaban de familias angustiadas y llorando, pero no siempre alcanzaba para todos, dejando a merced de la divina misericordia las almas de quienes no estaban adentro. Luego de escuchar los bombazos por distintos sectores de la ciudad, y luego de que las autoridades declararan que era seguro volver a la calle, las familias salían sólo para descubrir las atrocidades ocurridas producto del bombardeo sufrido, cambiando monumentalmente el aspecto de toda la ciudad.

lunes, 2 de julio de 2012

La Ciudad de las Adaptaciones



De partida se debe acalrar que hay muy pocas cosas originarias de valparaíso. Es una ciudad creada por necesidad, donde sus pobladores venían de distintos lugares, trayendo la cultura como solo antaño sucedía. Actualmente las personas tienen muy poco que aportar, y la globalización nos ha hecho perder identidad, o por lo menos no asirnos a ella, o no conocerla, o no manejarla, ya no es lo mismo. Es más, no sabría que sucedería si sacamos ciudadanos promedios de varios países y los inseramos en una nueva ciudad. No pasaría lo mismo que pasó en Valparaíso. Siendo ambas ciudades prósperas en sus inicios estoy seguro que esta nueva ciudad tendría mucho reguetón, sexo, drogas y alcohol. Es lo que hoy la pujante juventud ejercita y gusta, por lo que sería lo que llevarían como legado a esta nueva ciudad. Suena espectacular, es el cielo que muchos quisieran llegar. Imaginarse fiestas (malones, rumbas, carretes, mambos para los lectores internacionales) en muchas partes, simultáneas y muchos pensando lo mismo, con los canones actuales idiosincráticos.

Existe la renombrada Cueca Chora, variante del baile oficial chileno. Conste que cueca es un término ampliamente usado en Latinoamérica para refererisrse a bailes folklóricos. Específicamente en la parte sur del cono latinoamericano, entre las ciudades de San Juan y Neuquén de Argentina o La Serena y Los Ángeles de Chile, existe el concepro cueca por lo menos para 4 bailes distintos, uno de los cuales es el baile nacional chileno. Este baile fue nombrado oficilmente como tal durante el gobierno del Presidente Pinochet junto a la oficialización del copihue como flor nacional, araucaria como árbol nacional y Huemúl como animál nacional. Con esta medida, asociado a la migración de habitantes del campo al espacio urbano (trayendo cultura y costumbres consigo) se comenzaron a crear distintos estilos de cueca. En las distintas zonas de chile, al igual que el acento que se ocupa para hablar, hay pequeñas variaciones de la cueca, siendo en vaplaraíso el lugar que presenta mayor diferencia con el resto del país.

El tango, baile característico de la Argentina mas no el oficial nacional, es ampliamente conocido mundialmente por su elegancia y pasión. En el siglo antepasado nace el tango, también en otro puerto: Buenos Aires, mezcla del candengue, baile de negros esclavos aficanos, y vals, baile de ascendencia europea. Por las grandes movilizaciones de inmigrantes de acá para allá y allá para acá arrriba a Valparaíso. He tenido la posiblidad de observar en varias ciudades el baile de tango, siendo Valparaíso nuevamente una excepción de la forma de bailarlo.

Me gustaría conocer más de esta cultura de Valparaíso y contrastarla con como realmente son las costumbres de origen. Valparaíso todo lo cambia, todo lo adapta y lo moldea a la realidad local. Muchos podrían reclamar el por que de la apropiación de elementos y luego por que los hace tan propios. Pero bajo ese mismo argumento las gallinas podrían acercarse a la asociación chilena de cueca y argüir que es un baile de apareamiento y que es de ellos (es otro tema, pero de todas formas lo planteo: El baile sólo es el preámbulo al apareamiento, el paso previo a la conservación de la especie) o africanos y franceses reclamar la mitad de tango que les pertenece. Más allá de todo se crea una nueva cultura, es generación de tradiciones y nuevas historias.
En algún momento espero volver a esta entrada, reeditarla y hablar acerca de "mientras mejor lo pasas en la vida real, menos entradas tendrá el Blog".
Por alguna razón no he escrito...

jueves, 3 de noviembre de 2011

Benedictus, qui venit...

Estaba ayudando en la organización de una inaguración, parte de un gran evento, donde por variadas razones todo se atrasó. Lo primero que estaba en el programa era unas pequeñas palabras de bienvenidas, preludio del himno nacional y al de la Universidad. Los intérpretes de ambas piezas musicales eran dos músicos, uno pianista y el otro baritono (realmente no lo se, nunca lo escuché cantar como corresponde). En el retraso ambos comenzaron a interpretar piezas distintas, todas eran Arias, y como más tarde me dijo el pianista, eran para ejercitar el dueto entre pianista y cantor. Me llamó la atención algunos acordes, me fui acercando, parecía esos ratones del cuento del flautista de... algún lugar. Me vi al costado del piano eléctrico, al lado del cantor escuchando interpretaciones no convencidas de si mismas, más que nada por no ser frecuentes del oído del vocalista (supongo). Me vi envuelto por la música y de a poco, como si fuera una partitura de orquesta, el cantor entró en un decrescendo mientras me daba el paso con un largo crescendo. La obra que nos reunió fue una Misa de Bach y era la en Si bemol, el Benedictus, creo que es el vigésimo cuarto movimiento. Luego del solo del piano y las primeras frases

Benedictus, Benedictus

sentí como si fuera mi deber vocalizar. Recordé innumerables conversaciones con mucha gente acerca de las interpretaciones de obras y el sentido que cobra la personalidad en cada forma de expresar la música, tanto cantada o ejecutada. Es increíble para mi que no existan las palabras adecuadas para vocalizar el alma, o exista tal traba entre ella y la boca, parece que de adrede hay un puente muy angosto, donde las ideas se precipitan atochándose con las ideas.

Me apasiona saber que la música es perfecta, que cada cosa que se quiera mostrar por siempre sólo debe grabarse en un pentagrama y listo; pero no es así, existen muchas variaciones de una misma pieza, y no son las transposiciones, no es el cambio de armadura, es sólo el ánimo que se le pone a la ejecución. De hecho puede que el cantor no haya estado mal, no fuese desconocimiento, sino que sólo no era la forma en que yo interpretaría.

qui venit, qui venit in nomine Domini

Así de simple, ya en el comienzo, del "in nomine" traté de sonar muy lindo. Ya opacaba al cantor mientras una amiga y su grupo de pares me observaba desde el frente despistados, supongo que no sabían que ocurría. Me tapé un oído para escucharme y poco a poco me compenetré con el pianista sacando del alma las sílabas y reluciendo mi latín para que el piano lo llevara como vehículo por el aire. Pareció un instante infinito el que recitaba las sentencias, con tono grave y lejano.

...in nomine Domini

Ya pasadas las palabras, luego del fin del movimiento, parecía que un  silencio cósmico rodeaba el lugar, como que envolvía una gigante burbuja de silencio la bullicia de quienes no vieron el espectáculo. No sólo eso, se notaba una paz en el pianista y en mi al dejar el último suspiro y tocar la última nota.

jueves, 5 de mayo de 2011

La niña que no sonreía


Una vez conocí una niña que no se llamaba Camila ni Javiera. Su nombre difícilmente empezaba con A o con F. Esta chica que vivía en una casa estaba frecuentemente triste y uno de los pocos momentos en que la vi sonreír fue en una falsa foto. En contadas ocasiones levantaba sus labios o sus pómulos se arredondaban denotando alegría. Tuve la gracia de estar presente en alguno de esos momentos. Nunca averigüé el origen de su tristeza, ella nunca quiso contarlo, pero yo tampoco nunca le pregunté. Costaba que nos viéramos, aún viviendo cerca, pero por Internet halábamos y hablabamos de muchas cosas. Más de 3 veces la acompañé a su casa, que quedaba camino al hermoso Valparaiso.

No es patente ya, pero creo que no puedo olvidar la fiesta, el escenario de esa sonrisa falsa de aquella foto. Estaba despreocupada por todo, inmerso en etéreas cosas porpias de los humanos contemplando los distintos enfoques de el evento cuando ella arremete contra toda normalidad y rutinariedad. Suave, aunque escurridiza ( tal como siempre lo fue conmigo), toca mi hombro por atrás llamando mi atención

-¿Que haces?- Me pregunta hablando fuerte para no opacarse por la música. - ¿Cómo lo has pasado?
Y como una gran tormenta no avisada que obliga a los marineros a arriar Giannova contra todos sus pronósticos iniciales de un predispuesto, amable y complaciente mar, mi mente cambia totalmente de sentido en sus pensamientos.
Con gran sorpresa, de hecho anonadado, impresionado observo en slow motion como de apoco va cayendo. Mi sorpresa es aún mayor cuando se precipita a mis brazos acompañada de lágrimas arrastradas. Como si hubiese estado esperando el momento, como si hubiese estado predispuesto que encajaría tan bien en mis brazos.

La situación no se extiende mucho a pesar de la intensa catársis. La obligo a salir del recinto para que esté más tranquila, aunque lo único que logro es que se escabulla entre la gente en busca de sus amigas.
Nuevamente anonadado me quedo sentado en la solera, un gran masetero de un árbol preparado a una simple pelea que está por acontecer.


martes, 3 de mayo de 2011

Los detectores de robos a la salida de las grandes tiendas: Una actitud diferente.


En Chile en los últimos años han aparecido en las puertas de grandes tiendas estas especie de colgador de ropa que informan a través de una sirena del inframundo que recuerda las 7 trompetas del Apocalipsis o una ezpañolízima voz que amablemente sugiere ser registrado por el equipo de seguridad del comercio. Estos aparatos se colocan paralelos entre si a una distancia no mayor de 3 metros (dependiendo de la calidad de los mismos se puede aumentar este rango) y emiten una longitud de onda que no alcanza a llegar al poste ubicado al otro lado de la pasada de los consumidores. Cuando una bandita de plástico contenedora de unas láminas de metal se interpone en el camino logra que las ondas la ocupen como puente para poder alcanzar este otro poste (que de repente está disfrazado de una estupenda modelo o los nuevos productos de las tiendas). Cuando la onda llega comienza un interesante fenómeno social: La gente, si va saliendo, se da vuelta y trata de buscar un guardia o alguien que se note que es “residente”, o autóctono de la tienda para “hacer algo”.

Estos aparatos han invadido varias ciudades por que grandes empresas se han expandido y han adquirido comercios locales que los han transformado en parte de su cadena (previa remodelación, abundante pintura, y cambio del uniforme de las cajeras). Tal es el caso de D&S (que realmente es de Wallmart) quien es dueño de todos los LIDER. Cencosud no se queda atrás al poseer los JUMBO, PARIS, EASY y SANTA ISABEL. Todos son fácilemente reconocibles por grupo si te fijas en el nombre de la tarjeta de puntos beneficiada cada vez que terminas tu compra. Todos estos avances económicos merecen disminuir la pérdida de productos robados por ladrones, así que todas las tiendas iguales, tan sólo difernciadas en tamaño, en pueblos como en grandes ciudades, tienen estos simpáticos sistemas.

Generalmente el mismo guardia es el que se acerca y como si fuese lo más normal del mundo, o como si de alguna forma estuviese normado, empieza a registrar las bolsas y posesiones del comprador. Lo peor no es eso, sino que la mentalidad ya no es como debería ser (supongo yo, realmente no recuerdo otra forma de las cosas distintas a como lo son ahora): La gente simplemente acepta y accede a este procedimiento como si fuera parte de un algoritmo:
1)    Suena una sirena => Debo mostrarme a un guardia que tiene que aparecer en cualquier momento, si no aparece, lo busco.
2)    No suena nada => Sigo mi camino

 Hoy me pasó que comprando en el UNIMARC una señora con su hija iban saliendo del super con las flamante bolsas con una “U” repletas de mercadería. Al pasar por el umbral se activó el sistema de bombos, sirenas y trompetas (casi parecía el minuto final de la sinfonía Heroica, esa que era para el rey pero no fue para el emperador [Si, si lees este blog doy sabido que sabes algunas cosas]). La señora siguiendo el algoritmo social se da vuelta y busca al autóctono “Juan Guardia Unimarc” que no aparecía. Todo esto fue mientras entraba por las puertas corredizas. Al ver a la señora que seguía esperando a Juan le pregunté si esta vez había robado algo. Por supuesto me miró con una cara horrible, pero antes de que digiera nada le sugerí que ya que esta vez no había hurtado se marchara tranquila.  Proseguí mi camino sin saber como terminaría la historia, pero les comento y les pido que si son sorprendidos por una alarma en las puertas de un local simplemente sigan si es que no han robado, no sean parte de esta enorme masa que espera a Juan Guardia Comercio-de-turno. La idea no es rebeldía, sino no hacerse pasar a llevar. Primero fueron las cintas adhesivas en las bolsas de Falabella, Paris y Ripley (tiendas por departamentos) luego de cada compra, al avanzar la tecnología son estos tótems a los lados de las puertas y quien sabe que vendrá después, es una pendiente resbaladiza como propondrían corrientes de pensamiento de la bioética. Para que ustedes sepan: Nadie puede retenerlos si ustedes no lo asienten. Un guardia no puede obligarte a quedarte en el local si tu quieres salir (no es para que salgan corriendo, por cierto). Sólo los llamo a no ser parte del rebaño de toda la población.


lunes, 2 de mayo de 2011

Las Primeras Visitas

¡Increíble!


Haciendo click en distintos lugares encontré un contador de visitas, y mi sorpresa fue mayúscula cuando visitantes de USA y Alemania fueron registrados.
Très bien, para futuras visitas entonces.